#483: The Holder of the Code

Español: El Holder del Código

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución de salud mental o centro de reinserción social a donde puedas llegar. Aunque para este Holder en particular, será mejor que te dirijas únicamente a una institución mental; si no eres capaz de sobrepasar las ordalías de este Holder allí es donde terminarás. Una vez alcances el escritorio principal, observa si el/la recepcionista está escribiendo algo en un ordenador; si no es el caso, podrás retirarte en paz. Si es el caso, pregúntale por ver a quien se hace llamar The Holder of the Code. El recepcionista escribirá más y más rápido, hasta que finalmente sus dedos se resquebrajen de la implacable digitación y se desmaye.

Una vez caiga al suelo, camina hacia el ordenador y observa la pantalla, sin importar su tecleo frenético, solo verán un número de 3 dígitos en la pantalla, y una llave bajo el teclado. Toma la llave y busca la habitación con el número que viste. Puede que se dé el caso que no encuentres la habitación, y tendrás que empezar de nuevo. Los números cambiarán. Si no es el caso tampoco, repite el proceso hasta que la encuentres. El Holder querrás divertirse contigo haciéndote llevar a cabo la misma inútil acción mil veces, pero no debes detenerte. El cansancio es un defecto mortal, y no quieres verte como un Buscador defectuoso.

Cuando alcances la puerta, ábrela con la llave y entra. Cierra la puerta tras de ti; no hay nadie persiguiéndote mientras entras, pero muestra algo de educación, no quieres verte como un Buscador maleducado. Ve a la cama y recuéstate, y cierra los ojos. Espera dos minutos, y cuando hayan pasado, grita tan fuerte como puedas: “¡Deseo romper el código!”. Si sale todo bien, despertarás en una oficina oscura, con tan solo una tenue luz emanando desde una pantalla. No quieres verte como un Buscador lánguido, pues si no gritaste lo suficientemente fuerte, el Holder no te oirá, y no podrás levantarte de la cama. Durante el resto de tu vida, tendrás que soportar las secuencias de tu ADN siendo modificadas y reordenadas en formas imposibles, y tu cuerpo lidiará con la carga de moldearse en consecuencia. Probablemente no sufras, o quizás sufrirás más de lo que se pueda imaginar, pero no vivirás un día sin experimentar cambios bruscos y grotescos en tu anatomía, para bien o para mal.

Ve hacia la pantalla, y verás a una mujer sentada, escribiendo rápidamente sobre un teclado, de igual forma que el recepcionista. Pregúntale únicamente lo siguiente: ¿Cuándo serás descifrados?

Ella procederá a escribir la respuesta en la pantalla. Sus pulsaciones serán frenéticas, se destrozará los huesos de los dedos en doloroso frenesí, mientras la sangre derramará incesante entre las teclas. Sobre la pantalla se reproducirá una extraña historia en versos alejandrinos, la cual parece hablar sobre “el Código de Mexselak”, un extraño mecanismo de cifrado perdido en el tiempo. El texto está inmerso entre metáforas y demás tropos literarios, casi rozando el sinsentido. Si no puedes entenderlo, reemplazarás al mecanógrafo ante ti, obligándote a escribir todas las palabras dichas en toda la historia de la humanidad, escribiéndolas sin detenerte hasta que tus extremidades se hagan polvo y tu voluntad se arruine por siempre. Al terminar, habrá una caja fuerte, llena de mecanismos de relojería arcaicos que parecen conformar una máquina similar al Mecanismo de Anticitera, pero mucho más complejo, casi anacrónico en su aspecto y funcionalidad. Verás que Mexselak fue un viejo Buscador, nacido aproximadamente en el siglo VIII, quien dio con este extraño dispositivo, tan foráneo como curioso en su momento durante una peregrinación a Oriente Medio. Pasó los largos años de su vida intentando dirimir qué había dentro, pues parecía resistirse a toda fuerza que buscara hacer una brecha en él. Al final de sus días, dio con la manera de abrir el mecanismo. Curiosamente, sus Objetos rápidamente convergieron ante el papel donde escribió las instrucciones para no olvidarlas, destruyéndolo en segundos. Mexselak decidió encubrirlas detrás de alegorías inverosímiles y prosa púrpura, pero luego, cuando las empleó, su mente no podía deshacer su trabajo de codificación. Mexselak se volvió loco, sus Objetos impidiéndole a toda costa desenterrar los secretos de ese oscuro mecanismo de bloqueo. Pasó sus últimos días escribiendo interminablemente sobre cualquier cosa que oía o vivía, sin ser capaz de detenerse nunca, hasta su colapso. Se convirtió en el primer Holder del Código, y aquellos que intentaron seguir sus pasos solo lograron liberarlo a él de su carga, condenándose a llevarla en el proceso. Mexselak fue purgado y olvidado de la historia; solo su retorcido código quedó atrás.

Para estándares mortales, es imposible abrirlo. Es indestructible, y podrías pasarte el resto de tus días terrenales intentando comprender su majestuosa complejidad innatural. No se sabe qué hay en su interior, pero por alguna razón, los Objetos desean mantenerlo dentro. Puedes tomar el Mecanismo y llevarlo a tu casa, pues eres libre de irte ahora. Sin embargo, el Objeto es lo que yace adentro, y mientras no lo abras, no será tuyo…

Aunque a juzgar por los curiosos relatos del Diario del Escritor sobre este complejo mecanismo, al cual decidió llamar “Bóveda de Mexselak” intentando darle algo de honor a su descubridor, hay una muy buena razón de porqué los mismos Objetos se rehúsan a permitir que sea abierto…

El objeto que yace en su interior es el Objeto 483 de 538. La Bóveda no deja que éste salga al exterior, ¿o acaso impide que la realidad le alcance a él?

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