#469: The Holder of Revelry

Español: El Holder del Jolgorio

No es posible encontrar a este Holder en una institución mental o centro de reinserción social normal. Durante las primeras décadas del siglo XIX, luego que un grupo de periodistas dedicados a denunciar irregularidades descubrieran una serie de horrendos abusos en ciertos asilos, muchos fueron forzados a cerrar cuando el público supo de los horrores perpetrados en su interior. Con el rápido cambio que acompaña al pasar de los años, estas construcciones abandonadas fueron purgadas del recuerdo en las neblinas del tiempo por generaciones que nunca tuvieron el infortunio de quedar atrapados dentro; pero no por aquellos que anhelaban únicamente la emoción de los horrores sin fin que aguardaban en sus oscuras y ya por mucho olvidadas celdas.

Si alguna vez en tu búsqueda llegas a una de estas construcciones abandonadas, busca su entrada, si te atreves. Si encuentras sobre ella las palabras: “Yo soy Dioniso liberado, aquel de la felicidad y el terror” escrito en letras rojas, tu destino está sellado. Debes abrir las puertas y entrar, sin fallar. Si te marchas, es probable que no entres a Su dominio, pero Él encontrará Su camino hacia tu misma alma. Cada risa, cada momento de ánimo, cada brillo de alegría que tengas, se volverá insoportable, un temor que atormentará sin límites, y el sentimiento de que con cada mero pensamiento de alegría se avecina un gran terror, vendrá de la mano con una enfermiza acometida de peligros. Oscilarás como un péndulo entre la euforia del riesgo infinito y la aplastante carga de un terror impío; o te apartarás de todo y de todos los que amas para que el horror no te reclame desde la sombras de la vida que ahora soportas. Ambos no son más que caminos hacia la locura segura que te aguarda si te niegas a tomar la invitación del Holder.

Entra al asilo; sabrás que estás en el lugar adecuado cuando sientas la opresiva humedad del aire caliente y estancado sobre ti. Una pequeña niña pálida en un vestido blanco y prístino trotará hacia ti, con sus rasgos angelicales vueltos en una gran sonrisa, y empujará hacia tus manos un vaso lleno, completamente negro. Bébelo todo, no importa cuánto arda, pues si fallas en aceptar este regalo, los ojos de la pequeña se convertirán en una mirada monstruosa antes de que se ponga de puntillas, introduzca sus pequeños dedos en tu cuello y despedace tu garganta, dejándote vagar por siempre como una sombra sedienta. Una vez termines, ella te ofrecerá su mano. Tómala. La pequeña niña te guiará hacia un largo corredor, pasando incontables celdas, todas ellas rugiendo con histéricas risas mientras tu paso empieza a volverse inestable y tu vista comienza a nublarse por la bebida, tomando control sobre tus sentidos y tu mente. No te atrevas a mirar dentro de ninguna de las celdas, puesto que en cada una de ellas hay un paciente mutilándose a sí mismo horrorosamente perdido en sus histérica e insana risa. Si echas aunque sea el mínimo vistazo, te unirás a ellos en su risa desquiciada, mientras observas como tus propias manos empiezan a despedazar tu carne, en tu estupor sin sentido.

Si logras mantener el control de tus sentidos el tiempo suficiente, llegarás al final del corredor, donde ni siquiera la opaca luz de este olvidado lugar brilla, la hilarante risa decae, y todo lo que se puede oír es solo un silbido a lo lejos. La pequeña niña soltará tu mano, y debes seguir caminando hacia adelante, por tu cuenta, sin mirar atrás. Cuando te hayas adentrado lo suficiente en este pasillo, verás al fin una opaca luz roja frente a ti, y el silbido se volverá tan fuerte que las paredes parecerán sacudirse por su atronador volumen.

Mientras te acercas hacia esa luz, una voz ronca y jadeante de un hombre que ha estado gritando todo el tiempo preguntará: “¿Quién soy yo?”.

Detente. No le digas que es Dioniso, pues no desearás más que la paz de la nada mientras su risa resuena en tus oídos por el resto de tu vida. Dile solamente: Tú eres el Holder del Jolgorio.

Inmediatamente, da un paso adelante, y lo verás en una celda abierta, iluminada por la misma luz roja., atado al techo con cadenas y esposas que cortan profundo en su carne quemada de forma tan seca que sangra, sus cuencas oculares vacías se estiran rápidamente mientras te mira con desprecio, sus oídos mutilados contrayéndose cada sonido que haces, y ninguna nariz cubriendo una cavidad craneal que silba mientras inhala rápida e irregularmente. Su rostro se retorcerá en una mueca expectante, casi temblando con anticipación. Pregúntale: ¿Cuáles son las alegrías del mal liberado?

Apenas habrás acabado de hacer tu pregunta antes que lama sus carbonizados labios y comience a hablar con una voz rasposa que rechina contra tu misma alma, y te hable sobre los gozos de todos los hombres retorcidos en sus actos viles y sin fin, y durante su relato, compartirás su retorcida satisfacción mientras pasa a través de tu mente por un momento. Él te contará que cuando el Final esté cerca, todos los oscuros deseos de los hombres serán desatados, mientras los humanos se convierten en no más que bestias, permitiendo que reine el terror entre unos y otros, hasta que no haya nada excepto olvido. Su voz se volverá más rápida y regocijada mientras habla, la luz roja oscilará, zumbará y morirá cuando diga las últimas palabras sobre la inevitable condenación de todo lo que camina en la Tierra. Luego, silencio.

Da un paso adelante y tantea el piso en medio de la oscuridad. Allí estará el vaso que la pequeña niña te entregó antes, el Objeto 469 de 538. Se llenará más con cada Objeto que consigas, para lanzar a quien lo beba a un éxtasis asesino en celebración del Final que se aproxima.

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