#400: The Holder of Attachment

Español: El Holder de la Adjunción

En cualquier ciudad, en cualquier país, dirígete hacia la tienda de antigüedades más vieja que puedas encontrar. Sabrás que has encontrado la correcta apenas la veas. Una edificación de ladrillos, anacrónica entre edificios más grandes y modernos; pareciendo casi dolorosamente gravada por décadas acumulando las reliquias de los que ya han abandonado este mundo. Invariablemente, una vez des un paso dentro, un pequeño anciano te dará la bienvenida con una voz flemosa y una sonrisa casi paternal. No hay que perder el tiempo en cortesías, ni distraerse con la panoplia de baratijas que invaden el espacio de pie ya reducido.

Con una voz firme, exige ser presentado ante The Holder of Attachment. El anciano comenzará inmediatamente a temblar, y con manos temblorosas intentará llama tu atención en alguna otra de sus curiosidades. Ahora estás siendo sometido a prueba; aunque incontables maravillas o legendarios objetos perdidos se presenten ante ti, tu determinación no debe flaquear ya que el coste de este tipo de mercancías se puede medir en tu sangre.

Después de haber soportado el clientelismo por un tiempo, el viejo cederá. Con un resoplido de disgusto y el odio hirviente brillando a través de las cataratas en sus ojos, te dirá que lo sigas mientras te lleva hacia la parte de atrás de la tienda. Allí, en un rincón oscuro, extrañamente frío, él tirará una cortina apolillada, revelando un espléndido espejo de cuerpo entero con un marco de madera exquisitamente tallada. En ese momento, es posible que escuches un sonido de escabullimiento viniendo de todas partes a tu alrededor. Esa es la señal para levantar el espejo y salir de la tienda tan pronto como su peso te lo permita. No te preocupes sobre el pago, ni sobre el destino del anciano: si no sales de la tienda pronto nunca podrás escapar en absoluto, tu alma se unirá a las muchas atrapadas en las reliquias descoloridas, siempre pudriéndote por dentro.

Una vez llegues a tu casa, ubica el espejo en tu sótano o algún otro espacio donde te asegures que ni el más tenue rayo  de luz, natural o artificial, pueda atravesar. Lo siguiente deberá hacerse en la medianoche de ese día (espero no tengas que dormir con esa cosa en tu casa): toma una caja de fósforos y enciérrate en el lugar oscuro donde dejaste el espejo. Párate frente al espejo con los ojos completamente abiertos y espera. No pronuncies el menor sonido y no dejes que el miedo agite tu respiración. No toques el espejo, incluso si sientes que pierdes el balance en esta oscuridad adimensional.

Luego de un rato, cuando tus ojos se acostumbren a la opresiva ausencia de luz, parecerá que figuras oscuras, de alguna forma más oscuras y sustanciales que la negrura en la que yaces, comienzan a formarse en la superficie del espejo. No cierres los ojos ni apartes la vista, incluso si esta visión imposible y desprovista de luz causan un dolor insoportable a tus ojos extremadamente tensos. Mientras observas, parecerá que las figuras conforman una vaga forma humanoide que se mueve lentamente, dentro y fuera del marco del espejo.

Aquí debes hablar fuerte y claro, exigiendo otra vez ver al Holder. Las figuras desfasarán despacio de deambular, como perturbadas por tu interrupción, para rezumar juntas llenando todo el marco; el espejo ahora abierto a una ventana hacia un vacío frío, más negro de lo que tu mente posiblemente podría comprender. Escucha cuidadosamente y oirás el sonido de pasos lentos y arrastrados desde muy, muy lejos, pero acercándose a ti desde el otro lado.

Cuando los pasos se detengan, justo antes de alcanzarte, rápidamente enciende un fósforo. Inmediatamente notarás que la luz que emana no es reflejada en el espejo, pero si la silueta de tus iluminadas facciones. Pero no es tu auténtico reflejo: es el rostro de alguien que parece haberse visto una vez como tú, pero ahora se ve decrépito y vil por el paso de incontables años. Junto a una cruel y retorcida sonrisa hay una cicatriz profunda en su mejilla izquierda caída. No pierdas tiempo contemplándola, ya que si el fósforo se apaga antes que termines, tu cuerpo se derretirá en la fría oscuridad y tu alma se unirá a los perturbados seres del espejo para siempre. Más bien, pregunta cuidadosamente: ¿Podremos dejarlo ir?

Mientras la sonrisa de tu reflejo se estira innaturalmente, sentirás tu propia boca estirarte de forma similar y entonces, completa con tu voz: “No, Nunca voy a dejarlo ir”. Inmediatamente, sentirás la oscuridad, líquida y congelada brotar de tu nariz y boca, tus órganos siendo aplastados por una mano, causándote una inimaginable agonía. Sin dudar, debes golpear el espejo con toda tu fuerza, destruyéndolo. Te las arreglarás para coger una bocanada de aire antes de que sientas los fragmentos del espejo, cortándote e hiriéndote como si estuvieran poseídos por una mente criminal. Ten la esperanza a pesar de todo que su historia de desventuras y experiencias extrañas buscando otros Objetos hayan acostumbrado a tu débil mente a ser empujada fuera de los límites restrictivos de la cordura, pues sólo una fuerza inhumana y enloquecida te permitirá golpear los fragmentos del espejo y reducirlos a polvo antes de que seas triturado hasta la muerte.

Si por una casualidad improbable lo logras, pronto caerás inconsciente sobre un charco de tu propia sangre. Despertarás seguro en tu cama varios días después, para encontrar que tus heridas han sanado, incluso cada extremidad arrancada de nuevo en su lugar. En menos de una semana, tu cuerpo volverá completamente a la normalidad con la excepción de una profunda cicatriz en tu mejilla izquierda.

La cicatriz es el Objeto 400 de 538. Ahora llevas Su rostro y para bien o para mal, Ellos te reconocerán.

Una respuesta to “#400: The Holder of Attachment”

  1. Anónimo Says:

    No hay mas???😦

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