#387: The Holder of Disbelief

Español: El Holder de la Incredulidad

Me temo, Buscador, que no me queda mucho tiempo. He estado corriendo demasiado, y me parece justo permitir que lo que me está persiguiendo me atrape. Después de todo, soy un criminal.

Permíteme explicarte:

Fue una terrible noche tormentosa en Roma, pero mi determinación fue sólida como una piedra. Decidí si era ahora o nunca. Era entonces un Buscador.

El día anterior, era un ciudadano normal del Imperio Romano. Los tiempos están mejorando, nuestro gran imperio bajo el gobierno de Julio César nunca había tenido mejor aspecto. Lo único que me preocupaba era saber donde iría a comprar la comida para alimentar a mi familia. Por mi bella esposa, cuya larga y rubia cabellera que aún puedo recordar, que sopla con tanta gracia con el viento, por mi hermoso niño, que aspiraba a ser igual que su gran padre, y para mi hija hermosa, tan joven, pero cuyo futuro podía ver que era muy prometedor. Era un buen día. El mercado enloquecía entre negocios, risas, gente bailando, música alegre haciendo eco en las calles de piedra. Las cosechas nunca se habían vendido mejor.

Al salir felizmente, poco a poco trotando por el boulevard soleado después de un buen trato por trigo y cebada, un hombre se me acercó.

Podía sentir oscuridad irradiando de ese hombre alto, una sensación de muerte inminente, casi. Las sonrisas de otros quienes se cruzaban en nuestro camino se desvanecían, deben haberlo sentido así. Su rostro se asemejaba a la sensación de nulidad, con los ojos vacíos y no emite emoción perceptible de su presencia. Su pelo gris llamativo brillaba con una luz opaca y potente. Una palabra para describirlo sería “sin emociones”. Sin embargo, él me saludó, y me contó una historia.

Me dijo que yo era especial. Me dijo que yo era capaz. Me dijo que juego un cierto papel en esta historia, y que mi tiempo se acercaba para actuar.

Curioso como solía ser, mi mente se plagó de preguntas. Él lo sabía. Se cernió sobre mí, me dijo que tenía una agenda muy apretada. Se inclinó cortésmente, y me sonrió, luego se fue. Nunca olvidaré esa sonrisa malvada.

En mi mano, dejó un pergamino. Me dijo que lo abriera tan pronto llegara a mi hogar, y lo leyera muy en secreto.

Lo que me lleva a la noche de tormenta. Salí de mi casa, en las calles muy concurridas de Roma. Cuando llegué a la avenida principal, miré hacia los cielos. Parecía como si los dioses no estuvieran satisfechos; tormentas eléctricas golpeaban el suelo, elevándose sobre las montañas en la distancia. Arrastrando los pies a través de la fría y erosionada calle de piedra, se formaban charcos por todas partes. Mi capucha de tela y una capa pronto absorbió la lluvia, dejándome en un estado de ánimo terrible, y muy desconfortado.

Genial, puedo decir que me encantará esto de “buscar”.

Con la luz que la luna me podía proveer, encontré el pequeño camino al lado de la avenida que indicaban mis instrucciones. Enclavado entre dos establecimientos de clase baja, pronto encontré la tienda del alquimista. Extraño, nunca había visto esta tienda antes. Ya era medianoche, y sus velas estaban encendidas, indicando que estaba abierto.

Poco a poco pasando por debajo de la puerta baja, me quité la capa húmeda. Después de todo, no la iba a necesitar hacia donde tenía que ir. Tal como se describía en el pergamino, busqué a la vieja ciega en el mostrador. Y por suerte, pude oler el incienso quemándose en la mesa. Dice que si no está encendido, entonces mi viaje pronto llegaría a su fin.

Después de mucho mirar alrededor, finalmente pregunté a la bruja: “Muéstrame el artículo que he venido aquí a buscar, porque nadie aquí sabe de mi deseo”. Una mirada de incredulidad emergió de su rostro, aparentemente dejándola paralizada. Ahora fue cuando tuve que actuar, como describía el texto. Rápidamente entré a la cámara posterior y me senté en el cojín de la bruja, en su cámara de meditación. Una sensación de cansancio al instante se apoderó de mí.

Un temblor me despertó. Miré alrededor, para ver los estantes destrozados y sacudidos, como si un huracán hubiera pasado por acá. Busqué mi pergamino, pero no lo encontré. Tal como había sido explicado.

Me arrastré bajo el marco de la puerta roto dentro de la tienda. El incienso se ha ido, y la bruja no estaba. Las velas seguían encendidas, con todos los productos en sus lugares. Curioso, salí lentamente del lugar.

Decir que estaba listo para lo siguiente sería mentir.

A medida que abría la cortina, estuve boquiabierto, mirando al cielo. Las nubes habían crecido a tamaños monstruosos, hinchándose. Desprenden una luz roja en la tierra.

Siendo ese el tema siguiente.

Como ya he salido de la carretera, entré en la avenida principal, miré alrededor para contemplar escombros y saqueo. Nadie estaba presente. Todas las tiendas al lado del camino habían sido partidas en dos o completamente destruidas, reducidas a ruinas. Como recordé, la nota decía que debía ir al punto más alto de la ciudad. Mirando hacia el Gran Edificio Legislativo, poco a poco empecé mi travesía a través del desastre.

Me di cuenta que mientras más me acercaba al edificio, las sombras crecían. Anormalmente grandes. Casi parecía como si estuvieran en movimiento. Arrojando ese pensamiento fuera, continué por el camino. Estaba silencioso, sólo se oía el viento que azotaba malvado por el boulevard.

Nada especial ocurrió hasta que llegué a las masivas puertas frontales. Las una vez brillantes puertas doradas habían perdido su brillo, reflejando una luz apagada que con dificultad iluminaba tres metros. Al entrar en la puerta principal, preparándome para entrar en el edificio, escuché un movimiento pequeño de guijarros.

Mi corazón se aceleró mientras rápidamente me volteaba. Las sombras que había creído que crecían, realmente lo hacían. Y ahora, a medida que surgían, sabía que un final agradable no me esperaría si me quedaba. Con mi corazón latiendo fuerte, entré en el edificio medio destruido.

Fue un largo viaje hasta la parte superior, subiendo por una aparentemente interminable escalinata. Pero el punto culminante del viaje fue cuando vi la trampilla por encima de mí, lo que me llevó a la cima. La luz comenzó a desvanecerse, y mientras miraba atrás, escuché sonidos impíos, pertenecientes a los seres-sombra que había reconocido en el suelo.

La trampilla se abrió de golpe. Un balcón me esperaba, con un telescopio posado en el borde, apenas tambaleándose, apuntando hacia unas nubes rojas. Mientras me acercaba, oía al cielo abrirse, casi ensordeciéndome con el golpe del trueno que le siguió. Podía sentir la fatalidad inminente de las sombras al acercarse. Sin perder tiempo, con las manos temblorosas, agarré el telescopio y observé en él.

A través de un quiebre entre las nubes negras, observé un peculiar conjunto de estrellas alineadas casi perfectamente como un ser humano. Este se veía muy viejo. Las estrellas salieron a la vida como un viejo y encorvado ser, con una barba plateada y una capucha oscura, trotando alrededor de los cielos. Por fin se detuvo, mirándome a los ojos.

Las nubes tronaron de nuevo, y sin presentación alguna, me contó una historia. Una gran batalla del Universo en que la humanidad vivía tan ciegamente frente a ella. Me contó de todo, cada detalle, cada pequeña cosa que haya ocurrido hasta este punto, pero lo peor de todo, lo que con seguridad pasaría si Ellos son reunidos.

Cuando el sabio terminó de hablar, me hizo una pregunta: Ahora que sabes de los Secretos, debes guardar en silencio este concilio. Pero, ¿actuarás? Y con esta declaración, las estrellas regresaron a su disposición normal, y las nubes se extendieron violentamente sobre el cielo.

Me quedaba una sola tarea pendiente. Tomé el telescopio y lo quité de sus fijaciones. Sobre el balcón, miré abajo. Miles de sombras sobre la ciudad se aglomeraron en mi posición. Sentí una presencia maligna entre ellas. En ese preciso momento, la trampilla se abrió de golpe.

Y salté. Y miré atrás.

Nunca olvidaré esa sonrisa retorcida.

Desperté a la mañana siguiente en mi cama, con el telescopio firmemente sujeto en mis brazos. La locura lentamente comenzó a corromper mi una vez sana mente. Mis visiones cubrían mis pensamientos. Me perdí dentro de mí mismo. Hubo sangre en los muros, formando runas misteriosas que no puedo describir hasta estos días. Reuniendo todo lo que aún quedaba de fuerza en mí, caí de la cama, arrastrándome a mi puerta ensangrentada. Agarrando el asa, poco a poco me levanté, con las piernas temblando, completamente ausente de color.

Nunca olvidaré lo que me esperaba del otro lado.

Mi amada esposa, mis hijos, fueron tirados al suelo con sus muñecas cortadas, sangre brillando casi como el pelo gris del hombre, un ausente, pálido brillo. Sus rostros llevaban cuchilladas y cortes, así como desgarros. Me derrumbé, llorando sobre mi familia una vez amada.

Qué he hecho…

Soy un criminal ahora, corriendo, pero pronto me cansaré. Arranco de mí mismo, de la sombra en mi mente, porque yo sé que no puedo hacer frente a mis visiones. No puedo hacer frente a las consecuencias de mis acciones.

El telescopio es el Objeto 387 de 538. La cordura es un bien preciado, ahora lo sé. ¿Te atreves a arriesgarlo por la verdad?

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