#375: The Holder of the Gods

Español: El Holder de los Dioses

En cualquier país donde se haya adorado a más de un dios, ve a cualquier asilo a donde puedas llegar. Cuando alcances el escritorio principal, pregunta si puedes ver a The Holder of the Gods. El recepcionista debería mirarte con asombro en sus ojos. Si ella se burla, al menos tú serás el único que sabrá de tu propia muerte.

Te darán una gran llave, y te apuntarán hacia una ventana cercana. Agradece, y ve allí. Lánzate. Deberías haber entrado a una zona muy regada de césped exuberante, lleno de flores que ningún otro mortal ha visto nunca. No prestes mucha atención a estos detalles, y mira las nubes que surcan el cielo. Debe haber una cuerda larga que cuelga de una nube. Sin dudarlo, agarra la cuerda y empieza a subir. Si no llegas a la cuerda a tiempo, pasarás de la tierra firme a los más oscuros abismos del Infierno.

Comienza a trepar. Nunca te agotarás mientras subes, y el único sonido que oirás serán pájaros cantando. Si el sonido se detiene de forma abrupta, deja de trepar y grita: “Mi trabajo está hecho, pero mi camino es interminable. Esta es la vía, y no me detendré porque así lo quieras”. El sonido debería continuar, por lo que podrás seguir subiendo. Si no, entonces suéltate de la cuerda: una caída infinita hacia tu muerte será más soportable que la bestia que te espera.

Una vez termines tu peligrosa subida, verás un trono inmenso, en la que se encuentra un hombre arrugado y viejo, muy musculoso para su edad, y de por lo menos tres pisos de altura. Alrededor de su trono habrán miles de niños pequeños, cada uno vistiendo una toga de un color blanco puro, similar a lo que viste el hombre anciano. Ignora al resto y sólo busca a la niña que lleva la toga púrpura. Una vez la encuentres, entabla una conversación ligera. Su apariencia es la de una niña, así que trátala como tal, jugando con ella y hablándole como si fueras otro niño más. El hombre viejo estará cada vez más y más enojado con el paso del tiempo. En un momento se pondrá de pie, enviando ondas de choque a través del suelo.

Él gritará: “¿Cómo puede aquella ser más importante que yo?” Deberás responder, con tanta fuerza como puedas frente a este gigante: “¿Y dónde están tus colores?”

El hombre te mirará fríamente con esta declaración, y alzará las manos. Todo se volverá negro, y es mejor que cierres los ojos en este punto, pues has sido desterrado al Vacío, y aquí hay cosas que nada puede ver, ni siquiera la propia nulidad. Antes que el Vacío se de cuenta que estás aquí, grita al Abismo: ¿Ante quién se arrodillan?

Una voz susurrará, respondiéndote: “Ante aquél quien los busca”. La voz continuará, contando una historia sobre cómo cayeron, cómo se arrodillaron ante el respeto, y la forma en que se rebelaron, en cada detalle, desde los granos de arena que movieron hasta los huesos que quebraron.

Cuando la voz se detenga, espera diez segundos, entonces abre los ojos. Estarás dentro del asilo, mirando por la ventana. Habrá una toga morada afuera, pero no vayas por ella pasando por la ventana, hacerlo sólo te regresará al Vacío, removiendo tus párpados en primer lugar, para que no haya nada que te impida ver el horror que es tu nuevo hogar.

Sal del asilo y coge la Toga de los Dioses, el Objeto 375 de 538. Cuando lo necesites, la Toga te proveerá de poderes divinos, pero sólo lo hará una vez. El tiempo lo es todo, pero recuerda que los dioses tienen mal genio.

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