#346: The Holder of Charms

Español: El Holder de los Encantos

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve por alguna autopista en automóvil. Asegúrate que el vehículo tenga algún espejo en el que puedas ver tu rostro reflejado. Respira profundamente y prepárate, pues no descansarás pronto.

Ahora, comienza a encantar a la persona del espejo. No te preocupes por cómo te veas aún, pues no habrá nadie ante quien parecerás estúpido. Tu objetivo es conseguir que alguien te vea, el Holder, precisamente. Ten en cuenta que ella es un demonio, y para encantarla, debes tú ser uno. Habla acerca de cortar los rostros de los recién nacidos con tijeras oxidadas, desollar a tus hermanos con peladores de papas, cortar los dedos con tijeras de podar, o arrancar dientes con llaves inglesas. No te detengas, incluso si tu garganta sangra, si tu lengua se vuelve tan dura como la piedra, o si tu vejiga comienza a traicionarte. Esto podría tomar horas, o días, o toda una eternidad si te sometes al odio, pasando el resto de tu vida maldiciendo a aquellos que amas.

Si te detienes o si tu espectador en el espejo muestra desinterés, es porque no has mostrado suficiente odio. Perderás; cada vez que te quedes dormido, pasarás por la tortura que le hayas descrito al Holder. Parecerá un sueño, pero el dolor será muy real. Puedes no dormir si quieres, pero la única forma de salir de esto es complacer los deseos que has profesado.

Cuando las imágenes en el espejo cambien, sabrás que vas por el buen camino. No dejes que las imágenes te perturben. Verás cabezas sonrientes de bebés sin cuerpo, caras marchitas como si fueran de cera, rostros sin piel, cráneos destrozados, algunos cubiertos de pus y gusanos, y cosas que podrían hacer temblar de escalofríos incluso a la misma Muerte. Esas imágenes eres tú, el odio que has profesado al Holder, y no te sorprendas si sientes lo que las imágenes sienten.

Cuando ya no aparezcan más imágenes en el espejo cierra los ojos. Mantén tu odio, y sólo una pizca de humanidad y cordura. No abras tus ojos hasta que escuches a una vieja loca cantando una melodía estereotípica para encantar serpientes. A veces cantará el alfabeto latino o rimas infantiles. Cuando abras los ojos, estarás en un prado de follaje muerto, ante ti tendrás una vieja diablesa de ocho pies. Su piel es completamente negra, goteando carne gomosa que empasta la tierra con sonidos ácidos. Sus huesos expuestos poseen opulentos gusanos verdes. Ojos desorbitados y mal colocados, colmillos y órganos desconocidos adornan su cuerpo desnudo. Su rostro, con la cabeza agachada hacia ti, cuenta con un cráneo deformado sonriente con piel. Sus ojos están hundidos en las púrpuras cavernas que son sus cuencas; sus labios se han descamado, cosidos por el aceite que brota desde lo que una vez fue su nariz. En lugar de dientes, hay encías cortadas, colgando y arqueándose en formas imposibles.

Ella entonces cantará una melodía sobre una pareja a punto de casarse. Sostén su agusanada mano, y ella extenderá su cuello para besarte. Sus labios serán fríos, como carne cruda. Las encías serán duras y metálicas, su lengua amarga, pero suave como un beso. Sabrá como carne humana.

Luego del beso, despertarás en tu auto, con un gran tumor púrpura en tu garganta. Nadie le prestará atención, pues eres el único que lo podrá ver. Pero no te preocupes, pues ahora tienes el regalo de la expresión del carisma. Podrás hacer caer a tus pies a quien quieras, metafórica o literalmente.

El tumor es el Objeto 346 de 538. Escoge cuidadosamente tus palabras.

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