#330: The Holder of the Story

Español: El Holder del Relato

Había una vez, un Buscador que se dirigió hacia un asilo, hizo su camino hacia el escritorio principal, y preguntó por aquél que se hacía llamar The Holder of the Story. Una expresión de perplejidad apareció en el rostro de la trabajadora.

“¿Quién?” preguntó ella.

The Holder of the Story, fue la respuesta.

Ella insistió en que no sabía de lo que hablaba. Muchas veces el Buscador repitió su nombre e insistió en visitarlo. Él se enojó cuando se le negó su pedido. Muy pronto, la recepcionista amenazó con llamar a seguridad.

El Buscador fue inteligente. Dejó de insistir y se marchó, sabiendo que había fallado en su búsqueda.

A la mañana siguiente, él no despertó. Ellos conocían su propósito, y lo encontraron.

Fin.

Érase una vez una Buscadora que se dirigió a una biblioteca y preguntó al bibliotecario por aquél que se hacía llamar The Holder of the Story. El bibliotecario desapareció bajo el mostrador y regresó con una tarjeta de la biblioteca. En ella estaban escritas palabras irreconocibles en un indiscernible idioma, junto al nombre de la Buscadora. Ella aceptó agradecida, ocultando la sorpresa y el espanto que se encontraba densamente en su estómago. El bibliotecario apuntó hacia una sección de la biblioteca que ella no había visto antes y fue allí sin decir una palabra.

La Buscadora hizo su camino hacia allá. Sus estantes estaban llenos de viejos tomos encuadernados con las pieles de criaturas desconocidas para ella. Sus títulos estaban en lenguajes desconocidos para ella, pero con cada título que leía, sus significados se hacían más y más claros. Eran historias de redención, de romance, de aventura. Los meros títulos trajeron lágrimas a sus ojos y alegría a su corazón. Eran cuentos con temas familiares y extraños. Algo dentro de ella anhelaba estas historias, al igual que todos anhelamos obtener respuestas a nuestras preguntas y soluciones a nuestros problemas.

La tentación de leerlas se volvía cada vez más grande, casi incontenible. Su curiosidad era un gran peso en sus hombros. No vio como algo dañino el tomar un libro y escudriñar en él. Las palabras eran desconocidas para ella, pero la imagen de la historia se manifestaba por sí misma. Muy pronto, ella conocía la historia y cuidadosamente devolvió el libro a su lugar. En lugar de su ardiente tentación había una certeza extraña.

Un viejo hombre ciego vestido sólo con una prenda blanca se acercó a ella y le pidió la tarjeta. La Buscadora se la dio. Él la guardó.

“¿Cuál es tu historia?”, preguntó él.

La historia que ella leyó se derramó de sus labios contra su volición. La palabras que decía estaban en el idioma en que las leyó. Incluso aunque su lengua se apretaba y retorcía, ella habló. La última palabra en esa historia fue la última que ella diría.

El hombre viejo le regresó la tarjeta. En donde estaba su nombre, ahora iba la última palabra de esa historia. Ella aceptó y regresó a su hogar. Su camino había sido escogido, y ella sabía qué hacer.

Esto Les atraía. Ella no podía ni gritar ni pedir piedad.

Fin.

Hace mucho tiempo, hubo un Buscador que fue a una biblioteca y preguntó al bibliotecario por visitar a quien se hacía llamar The Holder of the Story. El bibliotecario desapareció bajo el mostrador y regresó con una tarjeta de la biblioteca. En ella estaban escritas palabras irreconocibles en un indiscernible idioma, junto al nombre del Buscador. Él aceptó agradecido, ocultando la sorpresa y el espanto que se encontraba densamente en su estómago. El bibliotecario apuntó hacia una sección de la biblioteca que él no había visto antes y fue allí sin decir una palabra.

El Buscador hizo su camino hacia allá. Sus estantes estaban llenos de viejos tomos encuadernados con las pieles de criaturas desconocidas para él. Sus títulos estaban en lenguajes desconocidos para él, pero con cada título que leía, sus significados se hacían más y más claros. Eran historias de redención, de romance, de aventura. Los meros títulos trajeron lágrimas a sus ojos y alegría a su corazón. Eran cuentos con temas familiares y extraños. Algo dentro de él anhelaba estas historias, al igual que todos anhelamos obtener respuestas a nuestras preguntas y soluciones a nuestros problemas. La tentación de leerlas se volvía cada vez más grande, casi incontenible. Su curiosidad era un gran peso en sus hombros, pero él continuó a pesar de todo.

Pronto, el Buscador se topó con un hombre ciego y viejo que vestía sólo una prenda blanca. Él le pidió su tarjeta, y el Busador se la dio. El hombre la guardó.

“¿Cuál es tu historia?”, preguntó él.

No tengo ninguna, fue la respuesta. Cuéntame la de Él

El anciano sonrió. Desde sus labios salió una historia jamás concebida por ningún autor. Fue contada en un idioma que el Buscador no comprendía, pero su significado era muy claro. Pero la mente del Buscador fue débil. Fue fácilmente destruida por El Relato. Una vez el anciano dijo la última palabra, su cordura se había perdido. Pero El Relato permaneció en su mente, y él, hasta el día de hoy aún pasea por las estanterías laberínticas de la sección oculta de la biblioteca.

Fin.

El Relato es el Objeto 330 de 538. Se han determinado muchos finales, pero depende de ti saber cual es el que te corresponde.

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