#315: The Holder of Hypocrisy

Español: El Holder de la Hipocresía

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de reinserción social donde puedas ir. Cuando alcances el escritorio principal, pregunta por visitar a quién se hace llamar The Holder of Hypocrisy. Una expresión de machismo y confianza aparecerá en el rostro del trabajador, y él caminará diciéndote que lo sigas. No lo hagas; si lo haces, invitarás a la muerte. Cuando de la vuelta en una esquina, se dará cuenta que no lo estabas siguiendo, y gimoteará mientras se escabulle de nuevo hacia ti. Él te dirá mucho más temerosamente que lo sigas, y mirará hacia atrás por encima del hombro para asegurarse de que lo estás siguiendo.

Ve tras él, y te llevará a un ala de la institución que pareciera no ser usada hace años. Sin embargo, una observación más rigurosa te mostrará que la decadencia aquí es sólo ilusoria. Las virutas de pintura que cubren el piso han sido metódicamente raspadas de las paredes, y las ampolletas que pareciera que ya hubieran colapsado simplemente han sido destrozadas. Las habitaciones de tamaño medio que están en las inmediaciones en el resto del lugar han sido reemplazadas por celdas pequeñas, cubiertas de alambre y aseguradas con pinchos ferroviarios.

Mientras sigues al trabajador, oirás sonidos de otra gente. La celdas no están vacías, están llenas de gente con demencia variable, todos los cuales estarán golpeando desesperadamente la rejilla de alambre, mientras miles de cucarachas se arrastran sobre ellos. No los mires, sin importar cuánto clamen por ayuda. Si lo haces, la persona a la que mires cacareará de alegría mientras es liberada de su prisión, y él y el trabajador te forzarán a entrar en su celda para tomar su lugar.

Continúa caminando por el pasillo. Éste se hará más y más estrecho, hasta que los lados de las celdas raspan tus ropas y los dedos de los miserables moradores se clavan en tu rostro, tus piernas, cualquier parte que puedan alcanzar. Cuando escuches la voz de una mujer que murmura: “Yo sé lo que estás buscando”, detente inmediatamente y dile: “Entonces conoces el camino”.

Las luces inmediatamente parpadearán una vez, luego dos, y luego se irán. Oirás los pinchos ferroviarios siendo expulsados de los muros, y el sonido de las rejillas caer al piso. Busca sintiendo en la izquierda y la derecha por la única rejilla que no se ha soltado; si no hay nada en la izquierda, reza por una muerte rápida, pues los prisioneros van a la carga contra ti. Si no hay rejilla a la derecha, haz palanca en la puerta y entra en la celda. Escucharás a la mujer decir: “Por ahí no es el camino, Buscador”, una y otra vez. Ignórala y sigue caminando; la duda hará que las cucarachas tengan el tiempo suficiente para comerte vivo. Llegarás ante tres puertas, dos de ellas son doradas, la otra está llena de termitas, abre esta última; las otras dos puertas doradas no son mejores, y te llevarán hacia los pozos más profundos del Infierno.

Una vez dentro, estarás en un escenario en un gran salón de lectura con espejos en cada uno de los muros. En el podio habrá un hombre vestido con una capa plateada, indicando los asientos vacíos en un idioma desconocido. Sólo míralo con tus ojos; verlo a través de los espejos hará que te vuelvas loco por lo chocante que es verlo como es realmente.

Evitando mirar los reflejos en los espejos, siéntate en la fila de más atrás y levanta tu mano. Él te ignorará. Corta el revestimiento del asiento frente a ti (usa tus dientes si te negaste a traer un objeto cortopunzante) y toma el micrófono que allí está. Golpéalo tres veces. El orador te mirará molesto y te dirá: “¿Tienes algo que añadir?”

Sólo una pregunta te permitirá abandonar el salón con vida: ¿Qué tengo que hacer para sobrevivir al calvario? Cualquier otra cosa revelará que el salón no está vacío, y a la audiencia no le gusta ser interrumpida con preguntas inútiles.

El orador retrocederá en estado de shock, y tendrás que endurecerte para cuando muestre su verdadera apariencia. Las luces lo bañarán en un resplandor brillante, y se quitará la capa, revelando una criatura tan horrible que parece que el aire a su alrededor se ve polucionado, y mirarlo a los ojos es caer en la completa demencia. Gritos se escucharán en los asientos delante de ti, creando un estruendo horrible. Corre por el corredor entre los asientos, y ve hacia la criatura. Cuando llegues al escenario, grita: “¡Yo sé lo que eres!”

El salón se desvanecerá, y sólo el escenario quedará. La criatura será reemplazada por el sujeto de capa plateada, y te mirará a los ojos: “¿Lo sabes realmente?”

Verás que el hombre eres tú, treinta años más viejo. El hombre entonces parpadeará de nuevo a su forma de monstruo, y luego de nuevo a ti. No reacciones; si lo haces, rogarás por ser devuelto al pasillo por el que viniste, y las cucarachas serán los cielos comparado con tu destino.

Si estás perfectamente estoico, él presionará algo de metal pesado en tu mano.

El micrófono es el Objeto 315 de 538. Te ayudará a encontrar la verdad de los Objetos.

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