#302: The Holder of Abnegation

Español: El Holder de la Abnegación

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de reinserción social a donde puedas llegar.

Este no debe ser tu primer Objeto; la prueba es desagradable y sin recompensa. Dile al empleado: “Busco a The Holder of Abnegation. Te examinará con atención, una sonrisa irónica distorsionando su boca. Serás guiado escaleras arriba hacia una sala mal iluminada. Escucharás el discurso repetitivo y aburrido de los internos; las luces parpadearán y olerás sudor fresco. El empleado te dejará en una celda con una cama entablada y un inodoro de acero. Aquí languidecerás. Debes sufrir en silencio y profundamente. Los días pasarán y los inútiles momentos pesarán sobre ti. Tus músculos se atrofiarán; tu mente correrá en círculos incesantemente como un tigre enjaulado. Nadie te visitará. Nadie te traerá alimentos, pero ni siquiera el hambre interrumpa el arrastre de este tiempo inmutable. Las luces del techo permanecerán encendidas. Las sombras están quietas. Tu celda está en silencio.

Soportarás esto por una cantidad inmensurable de tiempo. Si te enfureces y gritas por el empleado, él vendrá con dientes rojos y una cuchilla desafilada, arrastrando su túnica con un andar bastante desconocido para el ser humano. No quieres que esto pase. Soporta todo en silencio. Sinceramente debes descuidar cualquier esperanza de liberación. Luego de un largo tiempo, te resignarás a una horrenda eternidad, y comenzarás a experimentar una extraña alegría. Detrás de tus ojos una luz se ha abierto. El calor y la felicidad se derramará en tu mente, y te darás cuenta de que la existencia de la celda era frágil y delgada. Vas a salir de ella como una vez has salido de la ducha. Verás la luz del sol de nuevo, y el hecho de que puedes correr, reír y hablar te emocionará.

Estarás en una ciudad extranjera. La arquitectura es extraña pero agradable; la gente es acogedora, y habrán viviendas oscuras con pesados ​​techos de tejas rojas. En todas partes habrán ventiladores de techo, y la gente de la ciudad pasa horas en un amable silencio en cafés y bares. Son de piel olivácea y delicadamente hermosos. Cuando estés cansado verás a veces, en el rabillo de tu ojo, algo inusual sobre sus mandíbulas, una distensión que sugiere lo insectil. Pero raramente te cansarás; trabajarás en una cafetería, sirviendo el fragante café. Allí te encontrarás con un amante; tiene dos hijos de un matrimonio anterior, y vive en un apartamento lleno de conchas que él o ella misma ha coleccionado. Los niños mostrarán una peculiar mezcla de solemnidad y humor, después de un par de semanas ya no te preocupará de si unirte a ellos.

Los días se combinarán. El dueño de la cafetería te envía con su hijo en un camión para comprar granos de café. Pasarás la noche en otra ciudad, cerca del puerto. El hijo se emborrachará y a la mañana siguiente verás que tiene un ojo negro. Tomará todo el día obtener el café; en el puerto las voces cansinas de los agentes de la aduana y pedirán tus documentos hasta que el hijo del dueño les dé un soborno. Cuando regreses a tu apartamento será pasada la medianoche. La luz de la cocina está encendida y la puerta del frente estará abierta. Frente a tu cocina estará el Iniciado; su túnica es de lana pesada y hace mucho que se cortó sus propios labios. Él juntará sus palmas y te indicará la habitación donde tu amante y sus hijos duermen. El Iniciado te preguntará: “¿A qué renunciarás para detenerlos?”

Debes responder: A todo, o, A nada. Si le dices “a nada”, él se irá, y nunca aprenderás sus misterios. Vivirás tu vida en esa ciudad extranjera; pero cuando mueras entenderás las consecuencias de tu elección.

Pero si le dices “a todo”, el Iniciado llevará a cabo su propósito con los niños de tu amante, luego con ella. Te pararás en silencio en la cocina, pero la habilidad de él es tal que podrás escuchar perfectamente lo que estás haciendo. Regresará, y se sentará en la mesa contigo. La prueba no ha terminado. Libremente y sin rabia o tristeza, debes abrirte a él. Él tomará algo más de ti. Podría ser algo inconsecuente como una fotografía, o podría ser tu vista, o tu salud. Él indicará una puerta en la sala de estar. Las conchas se colocan encima del dintel y te acuerdas de tu amante reemplazando una que había caído pero que no se rompió. Pasada la puerta estará la celda en donde estuviste, con la cama exactamente puesta sobre ella.

Regresarás a la celda con un corazón jubiloso. El Iniciado decidirá cuánto tiempo permanecerás allí. Recordarás un viaje al acuario con tu amante y sus hijos. Luego de un rato, dormirás, la celda es inocente ante la noche, y despertarás en un lote de ladrillos esparcidos cerca del asilo. La ciudad extranjera se ha ido; estás de regreso en casa.

Tus recuerdos de felicidad son el Objeto 302 de 538. Ellos nunca te confortarán.

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