#259: The Holder of Imprisonment

Español: El Holder del Encarcelamiento

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier comisaría o prisión a donde puedas entrar. Alcanza el escritorio principal y pregunta por visitar al prisionero que se hace llamar The Holder of Imprisonment. La persona tras el escritorio te dirá que no tiene idea de qué hablas. Continúa preguntando hasta que un jefe de guardia o policía te confronte, diciéndote que contengas la lengua de esas tonterías.

Se volverá muy firme y grosero, hasta que te amenace con enviarte a la cárcel. En este momento, necesitarás hacer algo que provoque que te encierren. Primero, intenta forcejear con el guardia o insulta a la esposa del jefe de policía. Ellos intentarán frenarte; debes oponer resistencia. Si ellos logran lanzarte a una celda común, estarás condenado a pudrirte allí hasta que hayas alimentado a las ratas. En vez de eso, defiéndete, lucha tan duro como puedas mientras ellos intentan reducirte. Si tienes éxito en esto, otros te mantendrán sujeto mientras el guardia repetidamente aplasta tu rostro con sus puños desnudos.

Perderás dientes; sea como sea, no te los tragues. Los necesitarás luego, así que mantenlos en tu boca. Esto te ahorrará tiempo de un segundo ajuste del dolor. Cuando las manos del guardia estén rojas e hinchadas, y ya no pueda empuñar las manos, ellos arrastrarán tu cuerpo ensangrentado, pero no caigas inconsciente: Tendrás que estar alerta mientras te llevan a las profundidades de la cárcel, mas allá de lo que parece posible.

Se volverá todo muy oscuro, y las celdas se verán más y más viejas, hasta que las barras de hierro estarán completamente oxidadas. Pronto, las puertas de las celdas serán de madera pesara. El piso se volverá sucio y velas iluminarán el camino. Cuando notes que las velas se han vuelto antorchas, búrlate de los guardias diciendo: “Pero, ¿quién vigila a los vigilantes?” Los guardias harán una pausa y te arrojarán dentro de la celda más cercana; si la señora suerte está contigo, tendrás un compañero de celda.

Su nombre será “Dargo, el Civil”. Será un hombre viejo y delgado, vistiendo sólo un taparrabos y estará encadenado de los pies. Tendrá un palo largo con el cual alcanzará cada día sus raciones de comida que le deslizan bajo la puerta. Debes preguntarle: ¿Ellos me harán justicia? pero él se reirá tan fuerte que comenzará a llorar. Debes partir su palo en dos; con sus medios de sustento rotos con él, deberás comerte su comida, incluso si él ruega por un bocado. Cada día, una bandeja de comida será deslizada debajo de la puerta; cómetela completamente, sin dejar nada más que los huesos. Cada día pregúntale al menos una vez: ¿Ellos me harán justicia? incluso si sus sollozos son incontrolables.

Podría tomar días, incluso años, pero deberás mantener tus dientes en tu boca, nunca sacándolos. Un día, él podría responder tu pregunta señalando un muro. Usando tus manos desnudas, deberás cavar un túnel hacia tu libertad. Aunque no hayas visto el sol en mucho tiempo, instintivamente sabrás que si apunta al norte, vas a excavar hacia un embalse subterráneo y te ahogarás en su túnel. Si apunta al sur, podrás cavar debajo de una pared debilitada que derrumbará el túnel y te matará. Si excavas hacia el este, terminarás en  la siguiente celda con un hombre hambriento, y éste comerá lo que sea. Si nunca alimentaste a Dargo, mirándolo consumirse, y quebrantando el espíritu de este pobre hombre, fielmente apuntará hacia el oeste.

Cavando bajo el muro hacia la siguiente habitación, encontrarás a los guardias. Armados con espadas y vestidos con cota de mallas, van a estar jugando un juego de dados con sus compañeros fugitivos, ejecutando a los que pierdan. Se te pedirá que te dirijas a la mesa de juego sin que te digan las reglas, y el guardia frente a ti lanzará sus dados. Deberás vencer su tirada, pero los guardias no compartirán sus dados. Los prisioneros jugarán con sus dientes. Si no has guardado los tuyos, podrás libremente caer en la locura o ser puesto contra una espada sin la oportunidad de jugar por tu vida.

Deberás jugar con tus dientes sobre la mesa mientras los prisioneros que te rodean te observan. No sabrás quién ganó hasta que sientas una espada en tu espalda o las llaves para tu salvación en tus manos. En este momento usted sabrá que el resultado se pesa en contra de tu moral. Si has llevado una vida justa y enderezado tus errores, los dientes caerán en tu favor.

Si ganas, el guardia de mala gana te dará una llave de hierro. Tómala, con el intento de liberar a Dargo. Si tus esperanzas y emociones son demasiado para superarlas con el comienzo de la libertad, podrás escapar lo más rápido posible sin el Objeto por el que has soportado este juicio. Cuando abras la puerta de su celda, no encontrarás a  Dargo, sólo una pila de huesos viejos con una cadena atada en un tobillo. Pronto te darás cuenta que el hombre anciano llevaba mucho tiempo muerto, mucho antes que te encerraran. Necesitarás cada bocado de comida para recuperar fuerzas, para soportar, para ir por el túnel y escapar. La justicia no se encontró aquí, pero sí la misericordia. La bala redonda en el cráneo hueco es lo que has venido a buscar.

La bala es el Objeto 259 de 538. Nunca olvides que aunque no tengas el poder para dictar justicia, siempre puedes conceder clemencia.

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