#246: The Holder of Jealousy

Español: El Holder de los Celos

En cualquier esteticista, especialistas cosmético o spa diurno en el mundo, debes aproximarte al mostrador. Debes fijar una mirada fría en el recepcionista y pregunta por ver a The Holder Of Jealousy o “Aquella Más Pura”.

Si preguntaste por ver al Holder, el empleado insistirá a que te vayas. La única forma de asegurar una audiencia con el Holder es enfrentado al miembro del personal cerrando tus ojos y diciendo en una calma voz: “Ayúdame a perfeccionarme, sólo busco cambiar mi forma de ser a su imagen”.

Si pediste ver a “Aquella Más Pura”, el recepcionista se levantará, se apoyará cerca de tu rostro y susurrará: “¿Cómo se puede definir realmente la pureza, cuando la impureza es tan abundante como el agua en la Tierra?” Debes sostener sus hombres firmemente y apoyarte lo suficientemente cerca como para que pueda sentir tu respiración en la nuca de su cuello. Tranquilamente, pero con determinación, debes decir: “La pureza sólo puede encontrarse en el sabor del agua, la apariencia solo muestra un aspecto falso de su forma más pura”.

No hay forma de saber si el primero de estos pasos será exitoso; si no funciona, regresa al día siguiente e intenta usando el otro término.

Si funciona, el recepcionista te guiará ante una puerta de pino color crema, con letras grabadas en el frente en un idioma que no podrás entender. El encargado fijará su mirada en el mango y una mirada de terror y esperanza se extenderá por todo su rostro. Torcerá fuertemente el pomo de la puerta y entrará, se oirá un sonido de resortes de cama, y luego, silencio. Debes entrar en la habitación y mirar al espejo en la esquina superior derecha de manera que sólo puedas ver la lámpara en la cama en su reflejo. No habrá señal del recepcionista, sólo un tenue aroma de sudor y perfume estará en la habitación. Debes anunciar: “Estoy aquí para encontrar la perfección” y una mano se extenderá para encender la lámpara.

Vuélvete y mira a la cama, y una mujer estará allí sentada. La mujer es el sencillo e incontrovertible epítome de la belleza y la gracia. Curvas voluptuosas, figura pequeña, un rostro que podría hacer llorar a un hombre adulto en asombro. La mujer se acomodará en una pose seductora, y te hará señas con un dedo. Debes resistir, con cada fibra de tu cuerpo. Sin importar tu género u orientación sexual, tendrás un deseo extremadamente poderoso de poseerla.

Bajo ninguna circunstancia debes tocarla. Si lo haces, sus ojos arderán en un rojo carmesí y el tiempo se detendrá. No habrá dolor físico, sólo el conocimiento de que este ser puro frente a ti está decepcionado de ti. Tu cuerpo resonará de odio propio mientras se condena a sí mismo a los anillos del infierno por alterar a la mujer.

Debes resistirte a ella, y gritar las siguientes palabras con una pasión y furia que pueda sorprenderte incluso a ti mismo: “No te quiero, no te necesito, no voy a hacerte mía”.

A este punto, comenzarás a experimentar la verdadera naturaleza del Objeto. La odiarás, pues no puedes hacerla tuya. La detestarás, pues no la necesitas. La despreciaras, pues no la quieres. Te resentirás de ella por ser lo que deseas pero no puedes poseer. Sentimientos de envidia codiciosa se inundarán sobre ti, hasta el punto en el que no te darás cuenta de la expresión de asombro en el rostro de la mujer.

Mientras la furia pasa, en el lugar de la mujer estará una bruja vieja marchita, arrugada en un montón. Sus sollozos son los más lastimosos que jamás hayas oído. Debes arrodillarte ante ella, dejar una mano sobre sus hombros huesudos y decir con calma: “Ahora he probado la fruta más pura. Sé qué eres, en lugar de lo que la gente me hace pensar de ti”.

Ella te mirará, y su cuerpo rejuvenecerá hasta que se levante una vez más, con la asombrosa belleza que ella fue una vez. Ella te sujetará firmemente y te dará un beso apasionado. Un momento de éxtasis que será profusamente terminado apareciendo en el vestíbulo de tu aeropuerto local, sujetando el espejo donde la viste por primera vez.

El espejo es el Objeto 246 de 538. Podrás ver la más pura forma del hombre, pero ellos sólo pueden juzgarse a sí mismos y desear ser otros.

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