Buscando la Nieve Blanca

(Un capítulo de The Holder of Deliverance)

Buscando…
Archivo encontrado.
Fecha: Feb-3-08
Autor: J. Quincy

No serías capaz de contar un Objeto sólo mirándolo. Pueden ser cualquier cosa, desde una espada a una chinche. El problema es obtenerlos. Una vez que entras al mundo de los Holders, tu vida es un juego limpio. Lo que pueden hacer contigo es más terrible que lo que puede ser descrito. Sin embargo, es importante recordar que no siempre se sigue la fórmula.

Algunos Holders nunca te darán la oportunidad de ganarles. Algunos Objetos no pueden ser tocados. Algunos Buscadores pueden no ser exactamente humanos. Hay excepciones para cada regla.

Mientras más leo acerca de los Buscadores, más empiezo a pensar que lo que me dijo aquél hombre fue serio. Todos ellos están fuera de alguna manera. Lo que al principio me confundió por el simple hecho de ser insociable, era mucho más que eso. Son obsesivos a la hora de buscar, y son completamente impredecibles. Ellos difícilmente confían en otros, mienten constantemente, y son a veces más traidores que generosos.

Sin embargo, esto no fue tan sorprendente como la tasa de rotación de los Buscadores en este sitio. Algunos de ellos eran habituales durante meses, antes de desaparecer repentinamente pocos días después de que supuestamente hubieran recuperado un Objeto. Si esa persona era muy popular, su desaparición se discutía a veces; De lo contrario, se les trataba como si nunca hubieran existido en primer lugar. La desaparición frecuente de Buscadores aquí sólo era comparable con la llegada de nuevos curiosos.

Los Buscadores arriesgan sus vidas por los Objetos. ¿Por qué escogen este camino?

Estoy conduciendo para ver al Buscador en Central Park. Sólo se identificó como Thompson, y que él podía ayudarme a encontrar a la mujer conocida como “Nieve Blanca”.

Llegué al parque poco antes del atardecer, saliendo de mi auto cuidadosamente y vigilando mis alrededores. No hay nadie que pueda ver desde aquí, a excepción de unas pocas mujeres paseando a sus perros. El silencio aquí me pone en el borde; los modales del hombre por teléfono antes habían sido espeluznantes, lo suficiente para evitar hacerme ver mi espalda.

A medida que hago mi camino por la ruta en el parque, veo una sombra en un banco de éste, encorvado. De alguna manera, sé que esa es la persona correcta; el frío que corre por mi columna vertebral me recuerda a la llamada telefónica.

“¿Thompson?” Le pregunté, acercándome cautelosamente.

En lugar de confirmar, miró hacia arriba y preguntó “¿Es usted Eric?”

Asentí. Enderezó su postura. “Pregúntame lo que sé de la Nieve Blanca”.

Estuve atrapado un rato, con la guardia baja. Le dije extrañado: “¿Q-Qué sabes sobre la Nieve Blanca?”

“Yo era al que ella seguía la semana pasada” comenzó, como un cuentacuentos.

“Ella me siguió al trabajo, a la escuela. Ella estaba fuera y me miraba fijamente por la ventana. Trató de acercarse a mí, y corrí. Yo no sabía lo que quería. Ella me sigue a todas partes”.

Escucho, aún perplejo. Él es muy tranquilo – quizá demasiado tranquilo – pero hay un aire de inquietud en él. A pesar de que no refleja emoción alguna, se siente como si hubiera una energía peligrosa justo debajo de la superficie donde está.

“Yo averigüé, hablé con unos cuantos otros Buscadores. He encontrado algunos otros que habían sido seguidos por la Nieve Blanca. Uno de ellos, el más reciente, era el tipo que me dio el Péndulo. Justo después de que me lo dio, dejó de seguirlo a él, y me empezó a seguirme a mí. Y lo mismo sucedió con la persona que le dio el Péndulo a él. Por lo tanto, se lo di a otro Buscador. Dejó de seguirme. Pregúntame acerca del péndulo”.

Hice una pausa por un momento. La calma con la que él lo dice me pone aún más inquieto. “¿Qué es el Péndulo?”

“Un Objeto. No pudimos encontrar muchas historias sobre ello. Ni siquiera sabemos cual Holder fue el primero en tenerlo”.

¿Los Objetos de nuevo? ¿Qué tiene que ver con ellos de todos modos?

“Así que, ¿Por qué…”

“Pregúntame por qué la Nieve Blanca estaría siguiendo los Buscadores que tienen el Péndulo”.

Thompson está comenzando a molestarme. Aprieto los puños un poco para dejar pasar el sentimiento. “¿Por qué la mujer sigue a los Buscadores que tienen el Péndulo?”

“Quién sabe…”

Siento que estoy listo para darle un puñetazo, o huir, pero tampoco un sentimiento prevalece sobre el otro. Estoy teniendo dificultades para mantenerme en pie, pero debo permitirle continuar.

Thompson continuó: “Yo lo regalé con bastante rapidez cuando me enteré de qué estaba detrás de él. Yo no le dije acerca de la Nieve Blanca. Queremos mantenerlo en secreto, así siempre tendremos a alguien para dárselo. Pregúntame cómo puedo encontrar el Péndulo”.

Mis nervios han tenido suficiente. “¿Quieres dejar de hacer eso?”

Su pie se disparó y golpeó en contra de mi tobillo. Con un grito agudo, yo caí al suelo, agarrándome el tobillo, y Thompson me pisó el cuello. La fiera mirada en su rostro lo hace parecer como un perro salvaje, a punto de comenzar a echar espuma por la boca.

“No me digas qué hacer, mocoso”.

Luché con la bota, pero mis esfuerzos fueron inútiles. Estoy a solas con él aquí, y no importa cuánto trate de gritar, sólo puedo carraspear ligeramente.

De repente, levantó su pie, y se lo abrochó, mientras yo tosí y agarré mi garganta. Cuando lo miro, veo algo increíble. ¿Cómo conseguir que su cara quede empapada en lágrimas en tan poco tiempo? Se vuelve a sentar en el banquillo, y pone su cabeza entre sus manos. Llora como si acabara de perder a un familiar.

Después de unos minutos de silencio, levanta la cabeza y me mira con sus ojos rojos.

“Yo no te puedo ayudar más. Busca al Bibliotecario. Si alguien sabe sobre el Péndulo más que nadie, es él. Él sabe más acerca de los Objetos que la mayoría de nosotros”.

Todavía frotándome la garganta, lo único que todavía me mantiene pegado a este lugar es una pregunta persistente.

“¿En serio son reales?”

Él me miró con una mueca amarga y llena de odio en su rostro.

“Háblame de tus sueños”, me gruñó.

“¿Qué quieres decir?” Le digo, desconcertado.

“¿Qué quieres hacer con tu vida?”

Aprieto mi mandíbula un poco, y por razones que no puedo explicar, de repente me siento enfermo del estómago.

“Un actor”.

Se ríe con amargura: “Yo quería ser un granjero. ¡Un granjero! Pero no hay futuro para los Buscadores. Tan pronto como comienzas la búsqueda, ella te consume. Lo estarás haciendo por toda tu vida. Todo los sueños que tenías serán consumidos. Consumidos por los Objetos, hasta el día que mueras”.

(Continúa en Cambiado)

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