El experimento ruso del sueño

¿Ustedes nunca se han preguntado cómo es que la ciencia llegó a la sapiencia que tiene hoy en día? Muchas personas liberales dicen que no se deben maltratar por ningún motivo, razón o circunstancia a los animales, pero la realidad muestra que muchos de los avances médicos que disfrutamos, muchas de las curas inventadas ahora, muchos de los remedios que nos curan de todas esas enfermedades, se descubrieron practicando en animales.

La historia es muy oscura, sobre todo la del siglo XX, porque se hicieron muchos de esos experimentos en humanos también. Los nazis los hicieron. La unidad 731 japonesa lo hizo. Los americanos seguramente lo hicieron también, y los soviéticos no se quedaron atrás.

Corría mediados de los años 40, hacía ya dos años que Hitler se había suicidado, y el mundo se estaba acostumbrando a cambios radicales, como que por ejemplo, Europa pasaba a replegarse un poco, dando paso a dos superpotencias, los EE.UU y la Unión Soviética. Y por supuesto esta competencia no sólo era armamentística, era ver cuál país era el más desarrollado, cuál sistema económico era el mejor, capitalismo o comunismo; la competencia no sólamente era para las agencias espaciales que, más tarde ocuparían todo el protagonismo. Tenían que ver quién ganaba más premios Nobel, qué país llegaba más lejos en investigaciones, así que los soviéticos decidieron experimentar con humanos, y siendo un país tan enorme, tan lleno de gente, no faltaron los experimentos bizarros. Uno de ellos consistía en conseguir cinco prisioneros de guerra, y privarlos de sueño por 30 días, observando qué es lo que pasa cuando a un ser humano no se le permitía conciliar el sueño por un período tan prolongado de tiempo.

Por supuesto, la crueldad está implícita, pero tenían que hacerlo de forma prolija, pues no eran militares los que estaban a cargo del experimento, eran científicos. Ellos prepararon un cuarto grande y sellado: cuadrado, con sus esquinas bien definidas, con grandes ductos de ventilación en el techo que se conectaban no sólo a cámaras de oxígeno, sino además a un gas especial que dificultaba el que los prisioneros se pudieran dormir. Al ser una cámara tan bien sellada, no servía de nada mantener de forma constante a un par de guardias con porras para golpear a los prisioneros que se durmieran; para evitarlo, tenían que hacerlo lo mejor posible. Habían también sistemas de audio conectados para poner música a todo volúmen y hacer imposible que pudieran conciliar el sueño. Aparte, en la comida, que era empujada por otros ductos en las paredes, ponían pastillas para hacer que no pudieran dormir. Todo estaba muy bien planificado.

El propósito del experimento era simple: ver qué ocurría cuando a un ser humano se le impide dormir por mucho tiempo. Doctores entraban a la cámara diariamente para tomar muestras de sangre y hacer análisis, además de conversar con los prisioneros a quienes se les había persuadido diciéndoles: “Después de que el experimento concluya, si ustedes colaboran, los vamos a dejar en libertad”. No había elección entre eso o estar apresados por el resto de sus vidas.

Los primeros 2 días, todo normal. Comieron su comida, e incluso disfrutaron de la música que se les había puesto; ellos no estaban intentando dormir. Se les entretenía de muchas maneras, entre ellas, libros. Esa idea no estaba muy aceptada porque la lectura estimula el sueño, pero en esos años no existían circuitos de TV, y tampoco podían poner cámaras de seguridad, así que los científicos debían sólo conformarse con ver a través de las ventanas para saber qué acontecía dentro. Pero todo era normal, muy jovial, salvo que estaban acumulando cansancio pero eran 48 horas sin dormir, era algo esperable.

Sin embargo, las cosas extrañas comenzaron a pasar a partir del quinto día. Se grababan las conversaciones que los prisioneros tenían entre ellos, y los doctores no podían hacer otra cosa más que notar que sus tópicos, sus temas se volvían cada vez más oscuros. Mostraban cada vez conductas más deprimentes, tendían a hablar de cosas malas, recordar momentos desagradables en sus vidas. Todo ese brillante futuro luego de que le dieran su libertad fue reemplazado por temas deprimentes.

El experimento continuó, tuvieron que forcejear a uno de los individuos que se echó al suelo a dormir, acuérdense, no habían camas en esta recámara, se trató de dormir por las malas. Los científicos no quisieron castigar a las otras cuatro personas que estaban colaborando, por lo que dos guardias entraron y trataron de despertarlo por medio de fuerza bruta. Él llevaba un tiempo tratando de dormirse, debido a que no respiraba aire puro, sino un gas especial.

Al décimo día, este individuo rebelde se volvió loco, y empezó a gritar de tal manera que la autopsia reveló que se desgarró las cuerdas vocales. Murió de un infarto. Lo tuvieron que retirar y tuvieron que deshacerse del cadáver mientras que los otros cuatro pacientes que quedaban tenían una conducta cada vez más extraña, pero no extraña porque se estaban rebelando, sino porque simple y llanamente estaban callados.

Alrededor del 15° día, tenían un aspecto muy deprimente. Estaban pálidos, las ojeras eran enormes, se les veía muy mal de salud a pesar de que la alimentación era muy buena, y los científicos no se esperaron que sucediera algo, como lo que acababan de ver. Tomaron las hojas de los libros que tenían, las arrancaron, les pusieron heces fecales encima y las colocaron sobre las ventanas que les permitían a los doctores ver hacia adentro. Esto era un acto de rebeldía obviamente.

Lo peor de todo, es que se tuvieron que tragar una rabia muy grande porque cuando trataron de abrir la recámara, la puerta abría hacia adentro, no hacia afuera. O sea, que era muy fácil para los prisioneros trancarla con algo, ponerle cosas, algo perpendicular para que fuera muy difícil abrirla. Total que ellos estaban temiendo que ellos se quedaran dormidos, y estuvieron un día entero intentando abrir esa puerta, con varios soldados.

Pero cuando finalmente lo consiguieron, se encontraron con la sorpresa de que los conejillos de indias, estos cuatro hombres que quedaban, se las habían apañado para arrancarse pedazos de piel a sí mismos y comérselos. Y también estaban bebiendo de su propia sangre, y no sólo eso, sino que no se estaban agrediendo entre ellos, sino que todo se lo habían hecho por cuenta propia. La sorpresa no fue esto, sino que cuando abrieron la puerta, uno de estos prisioneros demandó que la cerraran a gritos, es decir, que ya no les importaba más su libertad.

Quería que la cerraran, porque el gas se estaba yendo. Uno de los doctores creyó que se habían hecho adictos a este gas, y lo que era peor, forcejeaban terriblemente con los soldados, cosa que era extraordinaria porque eran hombres que llevaban muchos días sin dormir, y les estaban dando una excelente batalla.

Lograron asesinar a uno de los soldados, uno de los prisioneros le mordió el cuello y le arrancó un pedazo muy profundo, y después inmerso en la locura absoluta logró meterle los dedos en la herida y la ensanchó todo lo que pudo. A uno de los prisioneros lo mataron a golpes y no lograron controlar a los otros tres hasta que les pudieran asegurar que les iban a cerrar la puerta y que no iban a dejar que el gas se siguiera escapando. De hecho, los otros tres estaban frente a una pared en posición fetal, pero no porque los guardias o los soldados los asustaran, sino porque estaban tratando de respirar lo más posible el gas.

Cuando, desde la puerta uno de los doctores demandó explicaciones, uno de los prisioneros dijo: “No nos queremos quedar dormidos”. Cerraron la puerta bajo la promesa de que no iban a intentar trancarla desde adentro, y no sabían que hacer. Habían limpiado las ventanas y los hombres no se quedaban dormidos, pero estaban cada vez más demacrados, más cerca de la muerte, y tenían conductas extrañas, seguían con eso de comerse a sí mismos, de arrancarse pedazos de piel con las uñas largas que no se habían cortado en mucho tiempo y se alimentaban de sí mismos, se llevaban los dedos a su propia sangre y luego los lamían.

Obviamente se habían vuelto completamente locos, pero era una cuestión tan bizarra que muchos soldados que estuvieron ahí no quisieron volver a entrar para acabar ya con el experimento. Así que una vez más abrieron la puerta, y fue una lucha campal contra los tres tipos que quedaban, hasta el punto que los tuvieron que matar. Otro soldado resultó gravemente herido cuando le sacaron un ojo, y eso que esta vez habían venido muy bien preparados.

Cuando el último hombre en pie, con los ojos enrojecidos, apoyado contra una pared y todo el mentón, el pecho y su ropa manchada de sangre, y partes de sus brazos al rojo vivo, sin piel, que se había arrancado las uñas a mordiscos para comérselas, estaba ya al borde de la muerte. Uno de los científicos estaba tan impresionado, tan aterrado, tan asustado, que no pudo hacer otra cosa más que preguntarle: “¿Qué eres? ¿Qué diablos eres tú?”

Las últimas palabras del hombre moribundo fueron, junto con una sonrisa: “¿Tan rápido nos has olvidado? Yo soy la locura. Aquello a lo que tú quieres escapar con toda tu alma, eso a lo que temes en la oscuridad, yo soy la pena absoluta, la demencia más grande, yo soy la locura libre, aquello que tú temes pero que está implícito en ti y en cualquier ser humano. Yo soy la locura” repitió.

8 comentarios to “El experimento ruso del sueño”

  1. Corrían los años 40, ya 2 años que hitler se había suicidado… Xdddd hitler murió el 2 de abril de 1945. Si antes de empezar la historia ya la estas cagando, mal vamos…

    • Eso quiere decir que la historia se ambienta en la década de los 40, específicamente en el año 1947. Siguen siendo los años 40. No hay nada incorrecto.

      Cuando se hace alusión a una década, se engloba hasta el último año de ella (como decir la música de los 80, por ejemplo).

      Si te sientes avergonzado por la menuda metedura de pata que acabas de hacer, puedo borrar tu comentario y redimirte un poco, vamos, antes que alguien más lo lea😉

  2. en cada sitio lo cuentan de una manera, entre lo q cuentan y la realidad debe haber un abismo

    aunq sirve para reflexionar, la verdad es q como empieza a apuntar la “moraleja” y ya os completo yo…. es el miedo de la gente lo q limita su poder, lo q hace q lo den al servicio de otros q hacen como de padres y t dan seguridad, q creen una realidad comun q les limita y condena

    claro q a algunos q no tenemos miedo y hemos sido literalmente DIOSES, nos hacen lo contrario, espiarnos en nuestra casa las 24 horas y sedarnos precisamente para q no podamos “romper la realidad” con solo el deseo, la voluntad

    quiza si hay un dios q esta detras de todo y es quien mueve los hilos para atacar a todo el q cree q puede quitarle el puesto, porq teme a aquel q no tiene miedo, al no necesita nada ni a nadie, q no degenera con la soledad, no se vuelve loco, el q seria capaz de sucede…

  3. Esa historia es vuena

  4. fue real?

  5. esto es identico a lo que cuenta dross

    • ñeeeeeeeeeeeee!!! dejen de mencionar a dross en todas partes, los fanboys estan invadiendo el internet, ñeeeeeeeee!!

    • Así es; la verdad sea dicha, su forma de redactar esta creepy en particular es excelente, y me basé en ello para escribirla, omitiendo detalles redundantes y quitando algunos modismos propios de él.
      PD: El comentario de “El Troll” era inesperado xDDDD

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